viernes, 1 de octubre de 2010

Soledad
Meira Delmar. Colombiana (Del libro Alba de olvido)

Nada igual a esta dicha
de sentirme tan sola
en mitad de la tarde
y en mitad del trigal;
bajo el cielo de estío,
y en los brazos del viento,
soy una espiga más.
Nada tengo en el alma.
Ni una pena pequeña,
ni un recuerdo lejano
que me hiciera soñar...
Sólo tengo esta dicha
de estar sola en la tarde
¡con la tarde no más!
Un silencio muy largo
va cayendo en el trigo,
porque ya el sol se aleja
y ya el viento se va;
¡quién me diera por siempre
esta dicha indecible
de ser, sola y serena,
Un milagro de paz!
Mirando el mar


                                                                                                                    No es locura, es ensueño.


Me entrego a esta sensación que me procura el mar. A este balanceo que toma mi cuerpo. Me gusta este dejarse estar, esta serenidad que se apropia de cada uno de mis sentidos, que acalla mis pensamientos, detona mis fantasías, me separa de lo que ocurre en la orilla, en el muelle, silencia a los otros y a mí misma.


En trance, hipnotizada con los sonidos naturales, me desconecto de preocupaciones mundanas y mi laboratorio químico me obsequia toda clase de sustancias para el goce. Las percibo, las festejo, mientras me muevo suavemente, ondulante, arropada por estas sensaciones de humedad salada. Mi piel se regodea con las texturas de algas, con el roce de la arena bajo las plantas de los pies, con tu cercanía. Embriagada, de tanta inmensidad, me dejo inundar de este aturdimiento. Trenzada, anudada a ti, a tantas historias viejas, enumero caricias y emociones.


Estos azules me invaden, me conmueven con su resplandor, con sus olores penetrantes. Arriba, abajo, adentro, todo celeste, turquesa con sus degradaciones sorprendentes que se pierden en el horizonte. Los colores y las aguas me poseen con su ritmo eterno, con su oleaje cautivador. Siento tu presencia apretada a mi cuerpo, mientras el baile de las olas, me salpica, alborotando con gotas y brisa, hasta la última de mis papilas gustativas. Saboreo despacio cada partícula de sal, mi lengua se llena de sus granos diminutos. Intento impedir que te los lleves contigo.


Mis ojos se cierran con la quietud de quien no quiere dejar escapar ni el más mínimo de los placeres. Percibo tus fuertes brazos sosteniéndome, impiden que el océano me robe para siempre. Tu aliento fresco, lleno de palabras amorosas, ardientes, se une al concierto de sonidos que pueblan todo este paisaje infinito. Hablas con esa voz que me sedujo desde el primer día, sé que lo sabes, las gaviotas no impiden que la escuche. La atrapo en medio de esta sinfonía que nos envuelve. Siento tu olor provocando lujurias y embrujos. El aroma de deseos encendidos es la música de esta danza sensual. Con la mirada intentas retenerme. En este nosotros sólo cuentan los regresos.


Anclada, en esta pasión, lanzo las redes que invocan estos rituales. Que te devuelven a mí. Que me pierden en este fuego de encuentros y locuras. Este sentirte en las profundidades de mi ser sediento. Este tocarte, más allá de lo corpóreo, de lo real, de lo visible. Recorro, con el ardor de los amantes, este universo en el que me perteneces por completo. En el que te fugas con mis ansias y permites que las tuyas se expresen.


La sonrisa se posesiona de mi rostro en este atardecer lleno de anhelos. El azul brillante, de este cielo que nos protege, llena de luz y sombras la playa. Miro desde esta distancia sus costas y un fragmento de mi vida. Relajada, absorta, sigo flotando con el vaivén de los movimientos tenues. Vuelves, se diría que siempre vuelves. En ocasiones, tengo la certeza, de que te has quedado definitivamente atrapado en mis días. A la memoria le han salido brazos y boca, palabras y sensaciones que arrullan las horas en las que te espero. Rememoro en silencio tu presencia lejana, esa que sólo regresa, cuando te cuelas cada noche en mis sueños.


Candela Jiménez
"Querida niña de la mirada a lo Marilyn Monroe -como dijera alguien- la còlera del mundo ofende tu cordura. Tu pequeño talismán para la angustia quedo olvidado sobre el altar donde arden las velas siempre dispuestas para el ardor furtivo.


Extiendes tu mano buscando el hilo mágico por donde envías cada noche tu desesperado mensaje hacia el ahora

El miedo no te pide licencia. Sobre la mesa de noche te espera el vaso de agua y la acidez de la pastilla que te arrulla

Querida niña de la mirada a lo Marilyn Monroe. Olvida el moscardón invisible que te azora el cisma del dolor sobre la carne el extravío del rol acostumbrado

Aprende a construir de nuevo tu linaje"

Gladys Ramos

viernes, 24 de septiembre de 2010

"Sólo son bellas las cosas que dicta la locura y la razón escribe"
André Gide
Voces de las amigas poetas

En silencio
el corazón se renueva
la vida se aquieta
las violetas crecen

surge lo eterno

la piel ora, ora
para el retorno

Luisa Varela

...En este intento  de saberme
busco en la casa

lo que creo ser está aquí

los abuelos lejanos llaman desde la tierra
Por eso tal vez en todas partes
los tapetes
las alfombras

quizás para volar
o enredarme en ellas y tocar lo firme

en mis ventanas hay mucha luz
algunas plantas
dos pájaros que vienen cada mañana
con mucha prisa
y uno de colores que canta en la pared
pocos amigos
casi sola
con el silencio
y lo blanco

Miriam Kasen


Barrer

Continúa barriendo
cuando me voy.

En la cocina
un arroz calladito.

Tiene en los ojos
color de chimó.

Guacharacas en la voz

Escoba en mano
recuerda a su marido
habla de los hijos
y su insomnio.

Formula una pregunta
Se aleja...

Yo también iré
dentro de un rato
hacia la noche.

Reina Varela

miércoles, 22 de septiembre de 2010

"No hay página en blanco

sólo escritura y miedo

resonancias"


Lyda Franco Farías
(1943-2004)
"Soy la mujer que piensa
algún día
mis ojos
encenderán luciérnagas"

Gioconda Belli
Escritora nicaraguense