sábado, 22 de enero de 2011



Derribaré puertas y portones
Abriré candados y cerrojos
Saldré de nuevo
para volver a mí






La luz llega despacito
Despierta el ánima que duerme
Mi  voz se  escapa
por una rendija del portón
decide volver a ser
espada de rebeldías
Los cerrojos se abren.
A los lejos
una niña menuda sonríe
reconoce que he vuelto.

textos: Candela Jiménez
Fotos: Marisela Fuentes












 Puertas cerradas

Desperté en un laberinto rodeado de aldabas y candados

Herméticos pasillos de silencios me cercaban

Pétreas figuras inasibles me miraban desde una distancia infinita

Aún las encuentro con frecuencia

Piedra, acero, frío, laceran y lastiman

Igual que antes me atemorizan y entristecen

He de vencer miedos

Para salir del limbo de mis pesadillas

Quiero renacer con la luz

La invitaré a entrar por mis ventanas.


Candela Jiménez
22 de enero 2011

lunes, 18 de octubre de 2010

"No somos ángeles, tampoco demonios. La debilidad nos signa"
Hanni Ossott
CANCIÓN DE LA MUERTE

"CANTA LA CANCIÓN DE LA MUERTE, OH, CÁNTALA!
PORQUE SIN LA CANCIÓN DE LA MUERTE, LA CANCIÓN DE LA VIDA SE VUELVE SIN SENTIDO Y NECIA..."
D.H. LAURENCE
"TAMBIÉN ES BUENO AMAR, PORQUE EL AMOR ES DIFÍCIL"

   R.M. RILKE
POR SALIR DEL CHARCO


Hanni Ossott



En algún lugar del mundo


una mujer se sentaba todas las mañanas


a contemplar un viejo edificio.


Y había ventanas, si


plenas de sombras


hombres, mujeres, monstruos.


Esa casa estaba deshabitada


no había amantes, no.


Sólo aves que a veces cruzaban el horrendo paisaje.






En algún lugar del mundo


había una lámpara rota


que no era de ella.


También un diccionario.






Eso no podía resolver su soledad.






Había tres árboles, cuatro árboles


y ruidos, la calle, los automóviles.






En algún lugar del mundo ella


no pudo hablar con quien podría


ser su amante.


El placer estaba vedado.


Las ambulancias pasaban


El fastidio cundía.






En algún un lugar del mundo


ella se detenía


a ver un enchufe


un sofá


una mesa repleta de libros y de centavos


y al marido: mustio, callado, leyendo...






También había pastillas, muchas pastillas


y un avión que pasaba.


Llevando a gente que sí tenía lugar.






En algún lugar del mundo


ella rezaba


por salir


por salir


del charco.






De: El circo roto